Entonces oí una voz que decía "Honrad al sublime poeta; he aquí su alma, que marchado había". Cuando calló la voz, vi venir a nuestro encuentro cuatro grandes sombras, ni triste, ni feliz era su rostro. El buen maestro comenzó a decirme: "Fíjate en ése con la espada en mano, que como su señor va delante de ellos. Es Homero, el mayor de los poetas; el satírico Horacio luego viene; tercero, Ovidio; y último, Lucano".
Entonces oí una voz que decía "Honrad al sublime poeta; he aquí su alma, que marchado había".
Cuando calló la voz, vi venir a nuestro encuentro cuatro grandes sombras, ni triste, ni feliz era su rostro.
El buen maestro comenzó a decirme: "Fíjate en ése con la espada en mano, que como su señor va delante de ellos.
Es Homero, el mayor de los poetas; el satírico Horacio luego viene; tercero, Ovidio; y último, Lucano".